Aparezco por aquí de vez en cuando y probablemente os asuste. La continuidad, la regularidad y la homogeneidad hacen gala de su ausencia por aquí y yo tampoco las invito a que vengan porque no suelen caerme bien. O yo a ellas. Anyway.

viernes, 22 de abril de 2016

Del veintitrés de abril y cosas bonitas.


Hoy, veintitrés de abril, se celebra el cumpleaños de las letras. Y como nunca les he hecho una felicitación en condiciones - sí, eso tampoco se me da bien - pues ya iba siendo hora.
Tampoco hay mucho más que decir. 

feliz veintitrés de abril.


Estamos hechos de palabras. 

Somos vida, sueño y humo, una estructura inestable que se construye sobre esqueletos de letras, grafías que encajan las unas con las otras estructurando nuestras piezas. Estamos hechos de palabras, porque nuestra esencia reside en ellas.

Eres la primera palabra que dijiste. Eres la primera vez que dijiste te quiero, la primera vez que juraste por ti y sólo por ti, eres tu poema favorito recitado a susurros detrás de un espejo. Eres lo que lees – y cómo lo lees. También eres las letras de todas las canciones que has cantado a voz en grito, y todos los versos que aun sin ser escritos fueron hechos para ti.

 Que de qué vives, si no es de palabras.

Mírame a los ojos y dime que serías lo mismo sin tu libro favorito.

Ojalá que algún día las palabras se te metan tan adentro que no seas capaz de dejarlas ir. Ojalá invadan tu corazón, tu cuerpo y tus carcajadas, y las dejes conquistarte. Que tus huesos se tracen de letras y que detrás de tus ojos hayan versos desconocidos, que creas haber escuchado en alguna parte. Ojalá.

Yo estoy hecha de palabras, y por eso vivo. Porque no es lo mismo vivir que estar vivo; porque, después de todo, como dijo el poeta Halley, "si las palabras se atraen, que se unan entre ellas; y a bailar, que son dos sílabas"

  Feliz cumpleaños a las letras, que hacen tanto por mí.


Me apetecía hacer algo especial.
(Y de paso, ir subiendo antes del 30)

Que el amor a las letras os acompañe.

Muchas, muchíisimas gracias.

23/04/2016

jueves, 31 de marzo de 2016

Querer. O algo parecido.


Feliz marzo. Hoy en vez de treinta es treinta y uno porque no sé las tradiciones están para romperlas y cada vez vivo más a la desesperada.
La entrada de hoy es un poquito más larga y a ver si me acostumbro a ello. Y a ir subiendo a mitad de mes en vez de a finales. Y a subir dos entradas en vez de una. Y a parar el carro, que últimamente desvarío demasiado.
Por cierto, ayer fue el cumpleaños de Van Gogh, no sé si lo sabíais. A mí casi se me pasa felicitarle. (También fue el de otra persona, pero eso ya es cosa mía)
Con cariño:

Quiero.


Querer, por decreto oficial y como primera definición, es  ``tener el deseo, la voluntad o la intención de hacer, poseer o lograr algo.´´   Algo más abajo, allá por la quinta disección de la palabra, es donde encuentro que querer es  ``sentir afecto, cariño o amor por alguien o algo.´´

Si decido ponerme seria, creo que quiero muchas cosas y que, además, quiero muchas cosas; sí, en los dos sentidos de la palabra. Quiero acabar ese libro que aún no he empezado y quiero que llueva mientras escribo sentada con las piernas cruzadas; quiero chocolate, dormir, tirarme por una montaña rusa, organizarme la vida, desorganizármela, hacer la maleta tres veces al mes y deshacerla una, mandar cartas a direcciones aleatorias, ilusionarme con una historia hasta el punto de no ser capaz de dormir. Quiero.

Quiero muchas, muchas cosas. Hay quien diría que demasiadas. Pero hay cosas que quiero con un cariño especial. Escribir. Soñar despierta. Escuchar mis canciones favoritas en directo.

Quererte.

Viajar – contigo –. Hacerte reír hasta que no sepas respirar. Robarte el último trozo de pizza. Guiarte por tu propia ciudad. Dormir contigo. Cantarte mis canciones favoritas. Reírme de ti. Que te rías de mí. Contarte los lunares de la espalda para equivocarme a propósito. Besarte las lágrimas. Hay tantas, tantas cosas, que podría hacerte una lista aún más larga que la lista de mis canciones favoritas. Pero hay una cosa a la que quiero, si eso es posible, aún un poquito más.

A ti.

Y puede que suene como lo más predecible del mundo. Probablemente lo sea. Probablemente también me da igual.

Creo que querer es algo incomprendido hoy en día. Cómo vas a saber lo que es querer, si crees que lo entiendes de verdad.
No creo que haya manera de saber qué es exactamente querer.

Creo que sé que te quiero porque, además de querer entenderte, quiero dejar que seas tú quien me lo explique.


Espero que no hayáis sufrido mucho.
Me deprimo de pensar en todo
lo que aún queda hasta verano, por cierto.
Quién iba a decirme a mí
que tendría ganas de que llegara junio.
En fin, gracias.
31/03/16.


lunes, 29 de febrero de 2016

Ellos no saben nada (y creo que yo tampoco)

Dos entradas por varias razones; porque este febrero es bisiesto y, ya que hay un día más en el calendario, que sea una entrada más, también; porque os debo la de enero (pienso dárosla en pequeñas dosis, no sea que os intoxiquéis) y porque me gustaría acostumbrarme a subir dos entradas al mes pero paro el carro porque me conozco mejor que nadie y probablemente no lo cumpla.
Dichas las gilipolleces varias, ahí va.

Es algo cortito pero que creo que quedó muy bien y no sé, me apetece compartirlo, que es el principal objetivo de este blog.

Ellos no saben nada


Ellos no saben nada.

Hablan de arte, pero nunca te han visto las manos.
Hablan de luz, y de oscuridad, pero nunca han vislumbrado el claroscuro que se te forma en la cara entre la nariz y los labios justo antes de despertar.
Qué van a decirme si nunca han caminado por los surcos de tu ombligo.

Me han hablado de arte, de vida y de sueño, y de todas las cosas que un día quedaron sin hacer, y aún no se han dado cuenta de que nunca han existido por separado. Ingenuos.

Son de los que dicen que otoño empieza en octubre, y no saben nada.

A mí, que sé tan poco, no me hace falta verte nevar para saber que es en ti donde empieza el invierno.


Feliz febrero. Feliz bisiesto.
Haced que un día de más valga la pena.
Con mucho cariño (ootra vez).
Gracias.

29/027/2016

De trenes bisiestos

Dije que subiría dos entradas en febrero así que más tarde que pronto aquí están. Esto es un escrito perdido por ahí que rescaté hace un par de días y me gustó. Es, probablemente, de mayo del año pasado, y me gusta ver cómo cambia y a la vez no mi manera de escribir. No sé. Me gustó. Espero que a vosotros también. No sé muy bien cómo llamarla so no tiene un título concreto. Ahí va.


Ayer soñé con un tren. Era un tren de ida en una estación sin parada y faltaban tres minutos para las diez. Una chica lloraba. Hacía como que no lo sabía. EL esto del vagón fingía que ellos tampoco.

He asistido a muchas comedias. Los actores eran bastante mejores. Compartían nombre - las comedias -. Se llamaban vida.

Yo me sentaba enfrente. A su lado, una mujer me sonrió con aire comprensivo. Su mirada gritaba ''lo siento, niña, qué viaje más incómodo te espera''.

No hay nada que odie más a que me condicionen.

Rebusqué en mi bolsa. Sonreí. Le tendí un pañuelo. No estoy segura de si sucedió en ese orden. Tampoco creo que importe. La chica me sonrió de vuelta.

Llevaba una sonrisa bonita, después de todo. Hay un momento de fragilidad extrema entre el llanto y la risa y creo que si empujas a alguien ahí puede romperse.

Pude hacerlo. Pero no lo hice. Simplemente la miré. Ella me sostuvo la mirada, Hay tan poca gente que mire de verdad hoy en día que me sorprendió. Luego volvió a desaparecer tras las lágrimas.

Se bajó tres paradas más tarde. Justo cuando bajó del tren me percaté de lo más importante.

Era yo.

Y me había saltado mi parada.

Desde entonces odio los trenes.



Por cierto, es mentira.
Que sepáis que ni de coña odio los trenes.
Con un poquito poquitito de cariño
y rogando para que no me juzguéis en exceso;
gracias.

29/02/2016